
MAMUTS EN LA MIRA
Los mamuts, cuyo nombre deriva del término
ruso “mammuthus”, que significa “muy grande”, lograron
sobrevivir a los mayores desastres ecológicos de todos los tiempos.
Desde hace aproximadamente 5 millones de años atrás y prácticamente
hasta hace 3700, estos animales poblaron diversas regiones del mundo. Claro,
no se trataba de una sola especie, sino de varias, y bastante diferentes en
lo que hace a su talla. Así lo demuestran sus fósiles esparcidos
por Estados Unidos, Eurasia y también África y que nos “hablan”
de individuos que llegaron a alcanzar los 5 metros de altura, y 9 de largo.
Mientras otros, en tanto, eran prácticamente “pigmeos”
y no superaban el tamaño de una vaca o un caballo actuales.
La extinción total de su especie no ocurrió de la noche a la
mañana, tuvo diversas aristas dependiendo del lugar donde sucedió.
Sin embargo su mayor mortandad, a nivel global, ocurrió hace alrededor
de 7 mil años, aunque hubo algunos que pudieron seguir adelante por
uno o dos mil años más. Toda una proeza.
A pesar de todo, nadie sabe a ciencia cierta cuál fue la verdadera
razón de su desaparición sobre el planeta. Hay diversas teorías.
Algunas hablan de un rápido cambio climático que no les dio
tiempo de adaptarse. Otras de una enfermedad mortal que rápidamente
se contagió a los que estaban en edad reproductiva y, además,
hay quienes suponen que fueron los seres humanos, sus circunstanciales cazadores,
quienes los diezmaron hasta hacerlos desaparecer.
Sea como fuere la especie se extinguió por completo y recién
hoy tenemos la posibilidad de volverla “a la vida”. Así
es, si bien es cierto que se han encontrado restos de mamuts en buen estado
de conservación congelados en el hielo siberiano desde el siglo XVIII,
no es menos cierto que recién ahora los científicos tienen la
tecnología para intentar su “resurrección” mediante
la clonación de embriones.
El hallazgo en el 2007 de una cría de mamut lanudo de 130 centímetros
de largo y 90 de alto, perfectamente congelada desde hace 9000 años,
en las proximidades del mar de Kara, en Yakuti (Siberia Oriental) abrió
las puertas de esta singular tarea. Recién hace pocas semanas un grupo
de especialistas rusos y japoneses han iniciado la búsqueda en sus
tejidos de ADN en buen estado para poder intentar la clonación, utilizando
una elefanta africana como “madre” sustituta.
“Yuri”, tal el nombre con que ha sido bautizada la cría
hallada, tenía solamente un año de edad cuando murió
al caer en un pantano helado. Tal vez sus “hijos”, un día,
podrán volver a caminar por la Tierra.
AGUA POR TODAS PARTES
“Encelado” era uno de los “gigantes
de los cien brazos”, hijo de Urano, en la mitología Griega. Pero
también, y tal vez recordando aquella vieja historia, se bautizó
con este nombre a uno de los más curiosos satélites naturales
de Saturno, descubierto casi por casualidad por William Herschel, en el año
1789.
Hace muy pocos día atrás, la sonda espacial europea “Cassini”
comenzó a enviar curiosas fotografías de su superficie helada
y, a partir de ellas, científicos ingleses acaban de descubrir allí
la presencia de agua en grandes cantidades. Según Andrew Coates, autor
principal del estudio, “la nave espacial voló a través
de los penachos de hielo creados por los volcanes helados que están
en Encelado y detectó, sin lugar dudas, la presencia de moléculas
de agua, lo que constituye una clara señal de la existencia de un mar
subterráneo de enormes dimensiones”. Además, tal vez lo
más interesante, es las palabras con las cuales el investigador contextualizó
el tema: “donde hay agua hay carbono y energía. La vida, por
lo tanto, puede estar presente…”
ROBOT
EL FONDO DE LOS FONDOS
Los científicos del “Instituto
Oceanográfico Woods Hole”, en Massachusetts, Estados Unidos,
le pusieron el nombre “Nereus”, en honor al dios griego hijo de
Pontus –el mar- y Gaia –la Tierra-. Sin embargo para la mayoría
de los mortales es “solo” un robot que ha logrado alcanzar sin
problemas la mayor profundidad oceánica conocida.
El “simpático” dispositivo se posó y escavó
a nada menos que 10.916 metros de la superficie, en el denominado “Abismo
Challenger”, en la Fosa de las Marianas del Océano Pacífico.
Convirtiéndose en el tercer aparato en lograr tal proeza en toda la
historia de la investigación submarina.
Vale la pena recordar que el primero en llegar –y plantar bandera- fue
el batiscafo “Trieste”, tripulado por el famoso Jacques Piccard
y Donald Walsh, en 1960. Recién en 1995 y 1998 el robot japonés
Kaiko, pudo alcanzar el mismo objetivo pero esta vez en forma automática.
“Trabajar a estas profundidades es más complejo que viajar a
otro planeta”, sostienen los científicos del proyecto. Sin embargo
para el responsable técnico del robot, Andy Bowen: “La Fosa está
prácticamente sin explorar y estoy seguro de que Nereus permitirá
hacer nuevos descubrimientos. Creo que es el comienzo de una nueva era en
la exploración de los océanos».
Foto: Gentileza Woods Hole Oceanographic Institution.
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