
BIOLOGÍA
NO TAN SOLITARIO
Las Islas Galápagos son uno de los
verdaderos paraísos naturales del mundo. Pero si bien esto es cierto,
no lo es menos que existen algunos problemas en lo que hace a la conservación
de su singular fauna autóctona. El gobierno ecuatoriano ha venido mejorando
el control sobre el archipiélago y eso ha conseguido, finalmente, que
el turismo no dañe su frágil ecosistema. Sin embargo, ahora
la preocupación de las autoridades, científicos y habitantes
está centrada en la vida de una sola tortuga gigante, a la que todos
conocen con el nombre de “Solitario Jorge”. Este animal es el
último de su especie y fue encontrado en bastante malas condiciones
en año 1972 en la Isla Pinta, de donde es originario. Desde entonces
fue puesto en contacto con varias hembras de una especie que tiene un fenotipo
muy parecido, la “Geochelone becki”, de la Isla de Wolf, para
ver si podría reproducirse y salvar a su linaje de la extinción.
Sin embargo el macho se mantuvo más de 30 años impávido
ante sus “bellas” novias. Ganándose, más que nunca,
el apodo de “solitario”.
Los científicos empezaron a pensar que ya “no había nada
que hacer”, pero el año pasado, sorpresivamente, “solitario”
pareció recibir un efluvio de primavera y comenzó a cortejar
a las hembras. Lentamente –no podía ser de otra manera- el “anciano”,
cuya edad se calcula entre 90 y 100 años, logró fecundar, en
julio pasado, a una de sus compañeras. Pero los 5 huevos resultantes
de la relación, lamentablemente, no prosperaron. Otra vez a esperar,
pero en esta oportunidad no contaban con la diligencia de Jorge – estaba
“totalmente desatado”-, que dijo nuevamente “presente”,
y varias veces. Hace pocos días atrás, los científicos
han encontrado una nueva nidada, de su otra compañera, con seis huevos.
Tal vez este estemos asistiendo al renacer de esta maravillosa especie. Por
ahora, lo único que sabemos es que Jorge festejará el centenario
sin necesidad de tomar “Viagra”… ¡Vamos Jorge todavía!
CAMBIO CLIMATICO
HIELOS NO TAN ETERNOS
La denominada Placa de Wilkins, una superficie helada que en el año
1950 medía nada menos que unos 100 kilómetros de largo, y unía
las islas Charcot y Latady, se ha “despegado” finalmente de la
Península Antártica. Este singular hecho, que viene a confirmar
los últimos datos sobre el calentamiento del Continente Blanco, ha
sorprendido ha todos los especialistas ya que hasta muy pocas semanas atrás
no había signos de esta posibilidad. Desde las primeras mediciones
en la zona hace más de medio siglo, la temperatura ha venido aumentando
en forma constante y hoy, en comparación con el pasado, ha aumentado
nada menos que 2,5 grados centígrados. Una diferencia térmica
que, aunque parezca “modesta”, es la causando tanto de la rotura
en la Placa de Wilkins como en otras nueve placas que se han roto o retrocedido
en los últimos tiempos. Una bien conocida y estudiada es la denominada
“Larse A”, que se rompió en el año 1995, o la no
menos impresionante, en lo que respecta a tamaño, “Larse B”,
que también sucumbió al aumento del calor en el año 2002.
Los mapas de la Antártida cambian rápidamente y ya nadie sabe
a ciencia cierta hasta que punto va a llegar. La Placa Wilkins desde ahora
flota a merced de las corrientes oceánicas, que también han
cambiado su intensidad, y amenaza con llenar los mares australes de miles
de grande icebergs.
