
| PRIMER CONCURSO INTERNACIONAL
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A finales de la década del 70, un satélite que
pasaba por la zona antártica dio la alarma. El ozono, en las capas
más altas de la atmósfera, justo a nivel del polo sur , estaba
desapareciendo a pasos agigantados: un enorme “agujero” aparecía
ante los instrumentos más sofisticados de su tiempo. Allí cundió
la alarma y, ni lerdos ni perezosos, muchos investigadores, después
de pruebas en sus laboratorios, concluyeron que se trataba, ni más
ni menos, que de “una muestra de la agresión humana al medio
ambiente”, en este caso a través de los gases denominados “fluorocarbonos”.
Inmediatamente, sin pensar en otras posibilidades, mucho más reales
por cierto, los “ecobobos” hicieron suya la cruzada para acabar
con todo rastro de estos elementos. Se vistieron de verde y batallaron aquí
y allá sin dejar siquiera espacio para una pequeña duda sobre
lo que en realidad sucedía. Claro, esto ocurrió justo en el
momento en que la mayor empresa química del mundo, dueña de
la patente sobre estos “terribles” gases que alimentaban desde
heladeras hasta aerosoles de todo tipo, a un costo realmente bajo, estaba
a punto de perder sus derechos mundiales sobre ellos, después de haberlos
usado durante muchos años ¿Pero qué curioso? Ya tenían
nuevos gases, bien patentados, más caros y novedosos, para introducir
en el mercado rápidamente ante cualquier demanda. Y así fue,
los “ecobobos”, y muchos científicos bien intencionados,
se dejaron arrastrar por estos datos preliminares y lograron que el mundo
entero saliera al “combate de los fluorocarbonos”. Sin embargo,
en ningún momento se dijo que el “agujero de ozono” no
era tal, sino un adelgazamiento en sus concentraciones, ni tampoco que podía
tratarse de un ciclo natural, y mucho menos, que cualquier volcán de
la tierra emitía, en una pequeña erupción, durante una
sola hora, más gases de este tipo que todos los aerosoles, heladeras
y aparatos que los utilizaron durante 10 años. Algo comparativamente
ínfimo.

Si estos datos hubieran circulado correctamente, si los científicos
y especialistas que lo dijeron, desafiando a la “creencia general de
aquel momento” hubieran sido escuchados y promocionados por los medios
de comunicación, la historia sin duda hubiera sido otra. Pero ya sabemos
lo que pasó, sino mire cualquier aerosol que tenga en su casa y verá
algo que lo dejará mucho más tranquilo: “respeta la capa
de ozono”.
Hace pocos días atrás un satélite norteamericano logró
detectar claramente que el “agujero sobre el polo se ha cerrado”,
algo que ya venía haciendo desde hace tiempo y concluyendo que se trataba
no de una “alteración” sino de “un ciclo natural”
que todavía no comprendemos perfectamente. Así que a dormir
tranquilo, los “ecobobos” siguen triunfando: los aerosoles son
más caros, la compañía química no tiene competidores
a la vista y muchos científicos hicieron buen dinero estudiando, en
sus laboratorios, lo que creían sucedía a 500 kilómetros
sobre la Antártida.
FOTO: GENTILEZA NASA
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